domingo, 23 de noviembre de 2014

Vivo

Hoy la blanca  luna brilla tan fuerte en el cielo...
Sabe que su horizonte... su destino la aguarda
tanta muerte vió ya, tantas veces nos miró...
¿A quién, en una bella noche, oirás en su cama?

¡Mírame a mí! Yo soy al que hay que quemar y ahogar
yo soy quién busca ser más que todos los demás
¡Vivir o mirar! Quiero posarme sobre ti, ver y morir envuelto en total oscuridad

Tan negros están... tan horrendos tus pétalos...
y tan blanco tu polen, tan brillante tu 
néctar...
Tanta luz prestas a las estrellas que miras 
Tanta sed da tu rocío hasta que te cierras.

¿Y cuándo te cierras qué queda? ¿Luz?
¿Una luz falsa?
Viviendo en total oscuridad, tan recluído,
siento una flor tan negra en mi pecho y ya estoy vivo
¿Estoy vivo y pido luz? Qué ironía... vivo.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Por arder

Decidme si las estrellas ya han sido pintadas,
para guiarme por el camino que tengo que andar
¡Decidme que me esperan en vuestros tristes rostros
los ríos transparentes que aguardan mi final!

Todo lejano... veo una voz entre tanto infierno,
y un árbol entre el helado río tan real.
Pero qué muerta desgracia me espera al
beber,
tanta agua para ahogarme, para anegar  mi mal!

Por un cielo que me espere tanto he caminado,
por una muerte que me premie tanto he vivido,
¡Por un árbol, seco en otoño, tanto he plantado,
por una llama que me de calor tanto he ardido!



lunes, 10 de noviembre de 2014

De mi Maestra| Versos contra San Valentín

-Dirán que no puede sin abono florecer 
la hiedra oscura que a mi ventana viene a tocar,
direis: "Oh, que sufrido destino la tortura
del poeta que el oro desea al querer amar"

Si el sediento al que tanta sed le da su sollozo,
no puede su trágico destino revocar,
dirán: "no es la falta de agua lo que hace su sed,
si no la fuerte sequía en su cuerpo al llorar"

Oirás la noche engatusar al ingenuo día,
y a las nubes prometer al suelo verde oirás;
murmurarán que eres indigno o frío o lejano,
que si no hay un amor de tu corazón morirás.

Pero es el paraíso deseado, tan lejano,
está tan lejos de nuestra ardiente soledad
que las hojas del otoño son nuestras amantes
y nuestra prisión parece nuestra libertad

Escúchame, como escuchas el viento silbar,
si te dejas guiar por la soledad te odiarás,
y a aquella que refugió en ti su corazón,
aquella a la que oras, cada día herirás-

Y entonces desperté de la lágrima ácida,
tan rojos los ojos, mi cama tan desgarrada,
que sentí cerca de mí un monstruo solitario,
un monstruo aterrador en mi imagen reflejada.